PSIKEBA Número 7 - 1er. Cuatrimestre
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El BlOg de Anonima: Psikeba. Revista de Psicoanalisis y estudios culturales - Presentacion

La página se abre en su contenido como una triple conjugación que anuda el psicoanálisis, la crítica del arte y los recursos de investigación filosófica, presentada por excelentes imágenes.
En las lecturas de Adolfo Vásquez Rocca, Roberto Follari, Jorge Ballario, Daniel Larsen Roberto Balaguer Prestes, Daniel López Salort , Gabriel Cocimano y Rosa Aksenchuk, se van deslizando textos sobre un pensar la Postmodernidad en donde las categorías de la alteridad están definidas por la seducción y el simulacro, en tanto que como rescate apocalíptico la voz del psicoanálisis hace frente a la cybercultura de la sociedad voyerista posmoderna.
“El desafío de la diferencia, que constituye al sujeto especularmente, siempre a partir de un otro que nos seduce o al que seducimos, al que miramos y por el que somos vistos, hace que el solitario voyeurista ocupe el lugar del antiguo seductor apasionado. Somos, en este sentido, ser para otros y no sólo por la teatralidad propia de la vida social, sino porque la mirada del otro nos constituye, en ella y por ella nos reconocemos. La constitución de nuestra identidad tiene lugar desde la alteridad, desde la mirada del otro que me objetiva, que me convierte en espectáculo”.
El arte ha dado magníficos exponentes con tendencias a esta práctica parafílica: Salvador Dalí, Picasso, el marqués de Sade. El cine, arte voyeurista por excelencia, también inmortalizó obras que describen estas prácticas: Alfred Hitchcock, Kieslowsky, Brian de Palma han fisgoneado a través de una ventana para descubrir escenas eróticas o inquietantes. En varios filmes de Luis Buñuel, Federico Fellini o Pier Paolo Pasolini aparecen esos rasgos acentuados.
En el umbral de una nueva herida narcisista, de la fogoneada inminente muerte del psicoanálisis, de su supuesta agonía, éste se enfrenta con numerosos interrogantes ligados a la profunda y creciente transformación producida por la cultura posmoderna, sin perder la brújula de centrar al sujeto en su singularidad. Aún así, no es menos cierta la patética tendencia del afincamiento del goce en el hablante, al ser el hombre invadido por la actual coyuntura histórica y quedar funcionando como maquinarias, como seres digitales, binarios.
Así, en medio de la lucha entre los apocalípticos y los integrados, de los cosmopolitas y los fundamentalistas, frente al proceso de globalización actual, de la era del vacío, la voz del psicoanálisis se lanza como un sonido capaz de ir más allá de la descripción o de la aventura ficticia.
En la globalización neoliberal, tienden a desaparecer de la realidad visible los aspectos y matices de la subjetividad humana, los que reaparecerían en forma sintomática. En este régimen se alentaría implícitamente una uniformización en lo esencial (pensamiento único, fin de las ideologías, el dinero como valor supremo), para relajar al máximo el terreno de las apariencias, es decir fomentar una especie de “aparente libertad” (modas estrafalarias, conductas y costumbres –solitarias o grupales– excéntricas, etc.). Pero los síntomas que constituyen parte de esa realidad no visible, y que son cada vez más intrincados –en consonancia con lo abarcador y la creciente complejidad del saber científico–, marcarían nuevamente la diferencia. Aunque el arsenal médico que los espera promueva otra vez la unificación.
La ironía posmoderna, el bastardeo imaginario, el holocausto mental neoliberal, instalados como cybercultura, no operan meramente como una re-presentación aristotélica de algo exterior a sí, sino que establecen sus propias situaciones porque crean simulaciones interactivas donde lo digital no tiene género, es comunicación no-corporal, es simulación del cuerpo y de las sensaciones; al espacio recibido por la especie humana hemos agregado otro espacio: uno que no es tal sino que lo simula a la vez que se aleja de lo que copia.
El tecnofundamentalismo transgrede límites, y transmuta el objeto en lo objetual, lo real en lo virtual, lo vital en lo digital . Este reinado de la más cruda impermanencia temporal y del espacio sin cuerpo, refuerza paradójicamente una masiva adhesión a éticas hedonistas y subjetivas, como desesperada reacción ante lo no-natural.
De manera que lo posmoderno no es “lo contrario” de lo moderno, sino su rebasamiento. Es la modernidad misma que invierte sus modalidades y efectos culturales. El descrédito de la razón, la ciencia y la técnica no ha surgido de una “negación simple” de estas, sino de su concreción histórico-factual, de su realización”.
Referencia a PSIKEBA en El Otro Psi | Buenos Aires. Edición de Julio de 2006
Publicación Mensual especializada en Psicología Clínica. http://www.psi-elotro.com.ar/
PSIKEBA - Revista de Psicoanalisis y estudios culturales
Número 1 - Enero / Abril de 2006
El grado cero de la herencia. Hacia una teoría de la subjetividad en psicoanálisis - Alejandro Bilbao
William Burroughs y La Metáfora Viral. Postmodernidad, compulsión y Literatura conspirativa. - Adolfo Vásquez Rocca
Freud y la cocaína: ¿experimentos con uno mismo? - Rosa Aksenchuk
La voz del Psicoanálisis frente a las nuevas tecnologías - Roberto Balaguer Prestes
La ironía posmoderna - Jorge Ballario
Muerte vs. muerte. Evolución de la Teoría de las Pulsiones - Mario Malaurie
¿El antisemitismo o el judaísmo en los orígenes freudianos? - José Méndez
La ficción como conocimiento, subjetividad y texto; de Duchamp a Feyerabend - Adolfo Vásquez Rocca
Cybercultura: cumbres y abismos - Daniel López Salort
Estructuras discursivas en Lacan; Artistas, terroristas y canallas - Carlos Norberto Mugrabi
Relato de invertidos: la masculinidad hegemónica - Daniela Aspeé Venegas
Nietzsche; De mythos y maravillas - Ricardo Espinoza Lolas
La anorexia; una patología de la modernidad - Inmaculada Jauregui Balenciaga
Heidegger y el nazismo. Palabra, silencio y política - Alberto Constante
Foucault y Sade; Arquitectura y sociedad disciplinaria. La ilustración y sus espacios
Lic. Victoria Streppone - Rodrigo H. Amuchástegui
AUTORES CONTEMPORANEOS
Psicoanálisis
Filosofía
Psiquiatría
Literatura
ARTE
Exposiciones
Exposición La Condición Posthumana - Adolfo Vásquez Rocca
Artículos
Francis Bacon; el desgarro de la carne y la deriva del Yo - Adolfo Vásquez Rocca
Comentario sobre "La condición posthumana". Exposición de Adolfo Vásquez Rocca - Rosa Aksenchuk
Dolor y Arte: Frida Kahlo - Adriana Alicia Wenger
El artista como dictador social y el político como escenógrafo - Adolfo Vásquez Rocca
Tras los pliegues de la carne: una aproximacion a Lucian Freud - Anna Adell
Kandinsky: La creación de una pérdida - María del Carmen Meroni
Dice Ortega, en La rebelión de las masas, que "lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera". Dicha aseveración, escrita a finales de la década de los veinte, se ratificaba a mediados del siglo, cuando aparecía el aparato creador y recreador, por excelencia, de las masas: la televisión.

Suele decirse que la falta de escritos específicos sobre las toxicomanías en la obra freudiana constituye una especie de punto ciego vinculado con su propia potencialidad adictiva , o más aún, que su affaire con la cocaína en los años 1880, habría bloqueado la elaboración teórica sobre este particular. Esta explicación, si bien introduce una disyunción entre droga y palabra que no deja de ser interesante, es rebatible en lo que a adicicción se referiere, si se considera que Freud alcanzó la edad avanzada en admirables condiciones de agilidad y lucidez mental.
El 30 de abril de 1884, con tres años en la profesion de médico, Freud comienza a experimentar - sobre sí mismo, sobre Martha y sobre otros – los efectos de la cocaína. Habiendo leído los experimentos de Aschenbrandt sobre la administración de droga a soldados en maniobras con el fin de combatir la fatiga, intentará averiguar por qué vía la cocaína podía aliviar la angustia y la depresión. La carta del 21 de abril de 1884 en la que anoticia a Martha sobre "un proyecto terapéutico y de esperanza" es el primer antecedente sobre el asunto: "He leído últimamente algunas cosas sobre la cocaína, el ingrediente activo de las hojas de coca que algunas tribus de indios mastican a fin de aumentar su resistencia al hambre y la fatiga. Un alemán (se refiere a Aschenbrandt, 1883) ha probado este producto con algunos soldados y afirma que efectivamente sirve para hacerles más fuertes y resistentes. Ahora he hecho un pedido y por razones evidentes voy a probarlo en casos de enfermedades cardíacas y después de agotamiento nervioso, sobre todo en el terrible estado que se produce cuando deja de tomarse morfina (como en el caso del Dr. Fleischel)" .
Sus experimentos prometedores lo llevan a escribir Uber coca, un artículo que sienta precedentes en los anales de la investigación científica porque introduce la cocaína en la medicina y satisface en todos los sentidos las exigencias que incumben a este género: descripción botánica de la planta, datos históricos detallados de su utilización en Perú, recorrido completo de la literatura científica que le había sido consagrada, fórmula química del alcaloide, estudio de los efectos en los animales, repertorio de lo que se sabe de sus efectos en el hombre con aporte de una experimentación original y un análisis argumentado de sus numerosas indicaciones en función de hipótesis que conciernen a las vías y a los modos de acción fisiológica del producto.
Para situar el alcance de Über Coca, sería conveniente dejar de lado lo que hoy evoca el término cocaína y acomodarnos al hecho de que esta no era entonces para nada un producto prohibido. La prohibición data de 1906. En los años 1880, la cocaína gozaba en los Estados Unidos de una inocente preferencia que superaba ampliamente los círculos médicos. El consumo de vinos que contenían coca – los vinos Mariani – era cosa popular. Cuando Albert Niemann [2] logra aislar el principio activo de la materia prima del Vino Mariani, la cocaína se vuelve objeto de una campaña promocional montada por Parke & Davis y otros laboratorios interesados en su distribución mundial. La propaganda emplea lemas similares: "No pierda tiempo, sea feliz; si se siente pesimista, abatido, solicite cocaína." La Coca-Cola iba a contener cocaína hasta 1903. La asociación contra la fiebre del heno había adoptado la cocaína como remedio oficial. En suma, el entusiasmo era casi general con respecto a este maravilloso sustento que fortifica el sistema nervioso, ayuda a la digestión, estimula los cuerpos fatigados, calma los dolores y libera de la toxicomanía a aquellos que están enredados en ella. La situación era muy diferente en Europa, donde se hablaba muy poco de la cocaína.
No hay que excluir que el interés suscitado por Über Coca se haya debido al hecho de que se trataba del mejor estudio europeo escrito hasta entonces. Es de notar, además, que el status que reviste nosológicamente la neurosis en sus inicios (1785), conforme con el modelo anátomo-clínico, responda a un modelo "lesional". De allí Allouch infiere que "si el discurso médico en el cual se inscribe se caracteriza por tomar su apoyo sobre el significante-amo de la lesión, la cocaína será ese objeto que en el lugar del Otro, dará consistencia a lo supuesto de esta lesión al ratificar en contrapunto su verdad. De allí que la cocaína no es y no podría ser un medicamento entre otros. Ella encarna, por confirmar la lesión, lo que es necesario designar como lo que es el medicamento. Resulta de ello que su acción no podría ser unívoca pues esta univocidad dejaría lugar a otra acción posible y, entonces, a otro medicamento. Über Coca marca esta posición eminente."
Por lo demás, el artículo muestra un tono de entusiasmo que Bernfeld no deja de destacar: Freud escribe por ejemplo acerca de un “don” (Gabe) de cocaína allí donde hubiese debido hablar, en términos científicos, de una dosis. Bernfeld extrae de ello, con razón, la conclusión de que ese texto está atravesado por una “corriente subyacente muy persuasiva”. Freud le escribe a Martha y habla allí de su texto como de un “cántico a la gloria de la cocaína”, confirmando así lo que le decía el 25 de Mayo cuando acababa de curar con coca a un enfermo afectado de un catarro gástrico: “Si todo va bien, escribiré sobre esto un artículo y espero que la cocaína se colocará al lado y por encima de la morfina. Ella hace nacer en mí otras esperanzas y otros proyectos. La tomo regularmente en muy pequeñas dosis para combatir la depresión y la mala digestión y esto con el más brillante éxito. Espero lograr suprimir los vómitos más tenaces, incluso si son debidos a algún grave padecimiento; en resumen, sólo ahora me siento médico pues he podido acudir en ayuda de un enfermo y espero socorrer a otros.”
Jean-Luis Brau en su Historia de las drogas, refiere que el amor tuvo la culpa de que el fundador del psicoanálisis no fuese el primero en descubrir las propiedades anestésicas de la cocaína. Se refiere al hecho de que cuando Freud decide emprender sus dos investigaciones paralelas: sobre los efectos anestésicos y como posible cura para la adicción de los morfinómanos, su novia, que residía en Hamburgo, lo llamó para que acudiese a verla, y Freud encargó a su colega, el doctor Köningstein que continuase sus trabajos, quien a su vez se remitió al doctor Koller para terminar los experimentos. Koller logró utilizar la cocaína como anestésico local y resumió su descubrimiento en una comunicación a la Sociedad Oftalmológica de Alemania el 15 de septiembre de 1884 adquiriendo la posición célebre ante la comunidad científica tan añorada por Freud.
Luego de recetar cocaína en pequeñas dosis como antidepresivo, Freud publica sus Escritos sobre la cocaína donde sugiere seis campos para su aplicación terapéutica: 1) como estimulante, 2) para trastornos gástricos, 3) para la caquexia (pérdida de fuerzas y reservas alimenticias), 4) para curar a morfinómanos y alcohólicos, 5) en aplicaciones locales, y 6) como afrodisiaco.
Pero el pharmakon [3] reveló rápidamente su cara diabólica. Fleischl, su muy admirado colega, quien tomaba morfina para luchar contra los dolores causados por la amputación de un dedo de la mano, sucumbirá lentamente a los efectos de la cocaína recetada por Freud. Fleisch murió adicto a esta última. Freud cargó con esa muerte llevándola como acusaciones de su Superyó durante largo tiempo, como lo testimonió el sueño de “La inyección de Irma”. Este trágico desenlace ha sido tal vez una de las razones más poderosas que empujaron a Freud a insistir en el tratamiento por la palabra, descreyendo de los fármacos que asomaban entonces. Pues si, como señala Pierre Eyguesier [4], el encuentro de Freud con la cocaína marca "la puerta de entrada para la experiencia psicoanalítica de una manera tan decisiva como el autoanálisis", su ulterior abandono como pharmakon es concomitante al descubrimiento de la dependencia de las producciones histéricas a los hechos de lengua, lo que abrió la posibilidad del paso al tratamiento por la palabra.
En julio de 1885 Erlenmeyer prueba el tratamiento propuesto por Freud, pero observó que aparecían síntomas de estrés físico y mental en los pacientes durante el período de consumo y de abstinencia de este fármaco, que causaban alucinaciones visuales y auditivas, así como un síndrome maníaco agudo. Estos estudios hicieron que Erlenmeyer discutiera la ligereza con la que Sigmund Freud recomendaba el empleo de la droga como tratamiento de deshabituación de la morfina. Cuando Louis Lewin lanza un escandaloso ataque a las opiniones de Freud, que defendían a la cocaína como sustancia incapaz de provocar daño alguno, y se opone a su utilización para el tratamiento de los adictos a la morfina, Erlenmeyer se suma a la embestida y acusa a Freud de haber desatado sobre el mundo "el tercer azote de la humanidad", después del opio y del alcohol .
Desde los inicios de sus investigaciones Freud avizoraba en la cocaína un medio poderoso para aliviar y hasta suprimir sus propios sufrimientos. Desde sus primeras experiencias efectuadas sobre sí mismo, adhiere con entusiasmo a las tesis de Mantegazza, para quien la cocaína resultaba casi universalmente eficaz para mejorar los desórdenes funcionales agrupados bajo el nombre de neurastenia. Freud llamaba así al conjunto de manifestaciones patológicas que por entonces él mismo padecía: estados transitorios de fatiga, apatía, depresión, trastornos digestivos, crisis de ansiedad, síntomas neuróticos que perturbaban principalmente su capacidad de trabajo intelectual.
Dirá Freud: “El efecto psíquico del cloruro de cocaína en dosis de 0.05 a 0.10 gramos consiste en optimismo y una duradera euforia, que no muestra diferencia alguna con la euforia normal de una persona sana. No aparece la sensación de excitacion que acompaña los estímulos producidos por el alcohol. También produce la característica necesidad de emprender inmediatamente alguna actividad, típica del alcohol. Se nota un aumento del control de uno mismo y también que uno tiene gran vigor y es capaz de trabajar; por otro lado, si uno se pone a trabajar echa de menos ese aumento de la fuerza mental que el alcohol, el té o el café producen. Uno se encuentra sencillamente normal, y pronto le resulta difícil creer que se encuentra bajo los efectos de una droga.” Y: “He comprobado en mí mismo unas doce veces este efecto de la coca, que suprime el hambre, el sueño y la fatiga, y permite acentuar el esfuerzo intelectual.”
La acción de la cocaína se revela benéfica tanto para anestesiar las necesidades fisiológicas y hacer olvidar los dolores, como para despertar y motorizar el rendimiento físico e intelectual. Freud se hacía lenguas de la prodigiosa acción estimulante de la coca: “Todos las opiniones concuerdan en que la euforia despertada por la coca no va seguida de ningún estado de lasitud, de ningún tipo de depresión.”
Fernando Geberovich afirma que: “la cocaína pasó a ser para Freud el antídoto mágico, de un lado para anestesiar todo lo que, de fuente interna o externa, arriesgara ser un obstáculos que lo alejara de sus ideales, y del otro para estimular todo aquello que lo acercaba a ellos; ideales que pueden resumirse en una doble representación: la Naturaleza y sus secretos, Amor y Ciencia, Femenino y Pensamiento. Pero este “protector químico de los ideales” se transformará rápidamente en ídolo todopoderoso, como lo atestigua esta carta a su novia:“¡Ten cuidado, Princesa mía! Cuando vuelva te besaré hasta que quedes toda roja. (...) Este muy conocido pasaje muestra que, cuando el objeto de investigación pasa a ser el objeto en el cuerpo, el remedio se transforma en sustancia mágica a glorificar, y no podemos menos que constatar un fenómeno de erotización del ideal.”
Sobre este punto de coalescencia de lo mágico y de lo científico que Uber Coca deja traslucir, y que ha sido descuidado en la biografía freudiana al punto de reducir la relacion de Freud con la cocaina a un simple episodion – como se verá – , se asienta la tesis que Allouch desarrolla en “Letra por letra” cuando señala que “es por haber escrito su experiencia ligada a la cocaína en términos ligados a las exigencias universitarias, de un discurso científico, que Freud llegó a renunciar a los “beneficios” de esta substancia tan ponderada.”
Mientras Jones relega el asunto a un hecho episódico juvenil y a una falta de espíritu crítico que le impidió dar su verdadero alcance al hecho. Bernfeld asevera que el entusiasmo de Freud por conseguir cierto potenciamiento gracias a la droga no perseguía otro fines que los del trabajo; cuando, en rigor de verdad, en sus cartas a Martha abundan fascinantes metáforas guerreras organizadoras de la relación con su novia y sugerentes alusiones sobre los efectos “mágicos” del fármaco como realizar sin fatiga largos trabajos, mantenerse despierto a controlar el apetito, esto último lo lleva incluso a considerar la posibilidad de prescribirla para evitar los vómitos. Por otra parte, Byck, pródigo en elogios, se afana en presentar a Freud como precursor de la psicofarmacología, en una línea cercana a la de Moreau de Tours como la del experimentador que se toma a sí mismo como cobayo [5]; presentación desatinada [6] considerando que Freud se apartó tempranamente de sus investigaciones farmacológicas.
Con un tono de manifiesta decepción Freud calificará en 1925 a la cocaína como un "allotrion", palabra griega que en los medios científicos de entonces denunciaba peyorativamente la entrada en escena de un objeto extraño al universo de la ciencia. Esta decepción asociada -como pudo entreverse hasta aquí - con la muerte de Fleisch y las duras réplicas de Lewin, Erlenmayer y otros médicos alemanes o anglosajones, no carece de importancia, pues si bien y a pesar de todos sus esfuerzos científicos, Freud no descubre el principio universal de la acción de la cocaína habrá de seguir estudiando con aspiraciones científicas, pero no con las mismas herramientas, los "principios universales" de la subjetividad.
Del obstáculo de la acción de la coca sobre la subjetividad, pasará a dedicarse en Salpêtrière cuando se reuna con Charcot, al obstáculo de la anatomía "contra" la histeria.
[1] Con respecto a los primeros trabajos de investigación realizados por Freud, Ernst Jones señala que el concepto de unidad de células y procesos nerviosos parece haber pertenecido a Freud quien había hecho valiosas aportaciones sobre este tema. Aun así, el nombre de Freud no se menciona entre los numerosos pioneros de la teoría neuronal, como sí ocurrió con Wilhelm His, Auguste Forel y Ramón y Cajal.
[2] Albert Niemann fue el farmaceuta que descubrió la cocaína en forma cristalina.
[3] Pharmakon (lo que cura enferma) popularizado por Derrida, quien lo extrajo de Platón. En la antigüedad, el término pharmacon era utilizado para describir tanto a los medicamentos como a los tóxicos.Pharmacon = remedio y veneno.
[4] En:Freud devint drogman.
[5] Moreau de Tours, alumno de Esquirol, es considerado el padre de la psiquiatría experimental y el iniciador de los estudios sobre las farmacopsicosis; experimentos, estos, que lo llevaron a consumir hachís en su laboratorio. En su obra princeps, Du hachisch et de l'aliénation mentale (Del hachís y de la alienación mental), publicada en 1845, consideraba que los efectos de esa planta constituían "un medio poderoso y único de exploración en materia de patogenia mental".
[6] Puede consultarse el artículo titulado "Maldita cocaína" , publicado por Página 12 el 2/04/2000, que destaca las intenciones políticas que subyacen en Byck al presentar a Freud como precursor de la Psicofarmacología. http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/radar/00-04/00-04-02/nota1.htm>
Artículo relacionado
[7] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, "Peter Sloterdijk; Experimentos con uno mismo; Abstinencias, drogas y ritual" En Revista Oxigen, Nº 20 Febrero, 2006, (España),UE. http://www.revistaoxigen.com/Menus/articulos/vasquezrocca/sloterdijk.htm
BERNFELD, Siegfried. “Les etudes de Freud sur la cocaine”, en Robert Byck, De la cocaine
BRAU, Jean-Luis. Historia de las drogas. Ed. Bruguera
EYGUESIER, Pierre. Freud devint drogman
GEBEROVICH, Fernando. Un dolor irresistible. Toxicomanía y pulsión de muerte. Ed. Letra Viva.
JONES, Ernst. Vida y obra de Sigmund Freud 1. Ed. Horm
FREUD, Sigmund. Uber coca en Escritos sobre la cocaína. Edit. anagrama
FREUD, Sigmund. Epistolario II. Hyspamerica

Recomiendo esta obra de la que paso info de Alternativa Teatral.
“Christian Dior et moi” es un monólogo construido a partir de declaraciones de Christian Dior. El texto revela el débil límite entre creador y obra, hombre común y hombre público. Dior representó el resurgimiento de Francia después de la Segunda Guerra Mundial y también la contracara del existencialismo.
A mitad de camino entre la instalación, el audiovisual, la biografía, la obra de teatro, este espectáculo intenta que ninguno de estos límites sea definitivo, ni definitorio.
El reconocido historiador Ian Kershaw da su opinión sobre el film alemán Der Untergang (La Caída). Fue una sorpresa recibir el llamado de Bernd Eichinger, director del film Der Untergang (La Caída), pidiéndome que viera la película antes de su estreno. Estaba muy contento de tener la oportunidad de formarme un juicio sobre las cualidades del film, que ya estaba causando revuelo en Alemania. Aquí, en Inglaterra, poco se sabía sobre la cuestión. Sólo había podido leer unos breves reportes hablando de la finalización del tabú de llevar a Hitler a la pantalla grande en Alemania. Al hablar con amigos y colegas alemanes sobre la película, o al leer la prensa alemana, parecía ser ciertamente un tema importante. Incluso me pidieron que opine si creo que Alemania está “lista” para una representación en cine. ¿Pero no es allí donde se encuentra el peligro, en ver a Hitler como un ser humano perdiendo de vista su intrínseca maldad y monstruosidad, su naturaleza demoníaca, aún despertando simpatía hacia él? ¿Podría ser un efecto indeseable el convertir el bunker de Berlín en una especie de atracción turística insana, un lugar de peregrinación? Por supuesto que no podía estar seguro antes de ver el film, aunque en verdad lo dudaba. Este parece el típico caso de angustia alemana –entendible, aunque exagerada- sobre el pasado Nazi y su relación con el presente. Mi punto es que es absolutamente legítimo realizar la película, después de todo, no es la primera vez que la historia del bunker ha sido filmada. A menudo he pensado que la producción de un film alemán sobre Hitler no es más que una cuestión de tiempo. Ello probablemente hubiera parecido muy intrépido unos años atrás. Pero la realización de esta película es una parte más del continuo, gradual e inexorable proceso de ver la era de Hitler como historia –incluso, y más importante aún, sintiéndolo como historia. Es entendible que el dictador haya atormentado la conciencia histórica de Alemania, y aún lo hace. Lo que sucedió bajo su mando y en su nombre ha destruido, tal vez de forma permanente, cualquier posibilidad de relación con el pasado alemán. Además debe mencionarse que el modo en que el país ha luchado por hacer frente a su perturbador pasado ha sido, muchas veces, elogiable. Pero sucesos lejanos necesariamente vuelven a considerarse de modo diferente a través del tiempo. Ellos forman parte de la historia. Este es el caso en todas las sociedades. Incluso lo será para Alemania. Por supuesto que un largometraje aprovechan las emociones de los espectadores, llevando a la empatía de los personajes. Pero con lo que sé sobre la historia del bunker, encuentro difícil de imaginar que nadie (además de los marginales neo-Nazi) pueda posiblemente encontrar en Hitler una figura simpática durante sus bizarros últimos días. Y suponer que de alguna manera puede ser peligroso verlo como un ser humano, bueno, ¿qué fue lo que hizo suponer la confianza en una sólida y liberal democracia? Hitler fue ante todo un ser humano, aún siendo un espécimen odioso y aborrecible. Sabemos muy bien que Hitler podía ser amable y considerado con sus secretarias, y un segundo después mostrar una fría rudeza y despiadada brutalidad en determinar la muerte de millones. Cuando estaba por entrar a la sala de cine me recordé a mí mismo que los largometrajes, por muy buenos que sean, son una construcción artística, y por su naturaleza, incompatibles con una estricta precisión histórica. En esto difieren con los films documentales. La precisión de los hechos es tan importante para los films documentales como para los trabajos históricos. En cambio, en un largometraje funcionan de forma diferente las limitaciones de reglas de evidencia. Ello no significa una incapacidad, aunque bien hecha, de transmitir a través de su dramatismo, un sustancial entendimiento de la realidad. La película, precisamente a través de su dramática reconstrucción, tiene un gran poder emotivo. Su explicativo poder es inevitable, aunque débil. Lo que ocurrió en el bunker ha sido esencialmente conocido por el libro de Hugh Trevor Roper, Los últimos días de Hitler, publicado en 1947. Prácticamente todo lo que ha salido a luz subsecuentemente ha sido examinado por Anton Joachimsthaler, hace unos diez años, en su detallado estudio, El fin de Hitler (Hitler’s Ende). Aunque un enfoque sobre los grotescos sucesos del bunker, en el centro de la ruina física y mental de un hombre cerca del suicidio mientras su mundo colapsa puede, por si mismo, hacer poco para explicar cómo se ha llegado a ello. En otras palabras: viendo a Hitler al borde del suicidio, no puede ayudar a entender el fenómeno Hitler. Lo que puede lograr, que no puede ni un film documental ni un libro de historia, es simular la sensación de ser un observador del bunker, viendo el drama y alcanzando el macabro clima. Y, mientras estaba sentado en el cine de Manchester, completamente vacío, viendo la soberbia reconstrucción de Eichinger, no podía imaginarme cómo un film sobre los últimos días de Hitler podría estar mejor logrado. La espeluznante atmósfera del bunker ha sido capturada de forma brillante. El extraño mundo de estos internos –borrachos de jolgorio al lado de charlas sobre el mejor método de suicidio- está evocado maravillosamente. La lúgubre escena de muerte y destrucción, los últimos episodios de una guerra aún ardiendo en las calles de Berlín, mientras el absurdo gran guiñol, ya fuera de juego, provee un recordatorio. Eichinger trabajó con un elenco destacado. Juliane Köhler es espléndida, tal vez demasiado vivaz, como Eva Braun. Ulrich Matthes y Corinna Harfouch encajan perfectamente en los siniestros Joseph y Magda Goebbels –perfectamente en la horrible escena en que Magda mata a sus niños. Por sobre todo, Bruno Ganz está espléndido como Hitler. Los decrépitos individuos que se arrastran por las habitaciones del bunker, su humor impredeciblemente cambiante, de la sombría resignación a una frenética e irreal ráfaga de optimismo, están brillantemente logrados. Los impresionantes arranques de cólera, subsumiéndose en patética autocompasión, la furia dirigida a los presuntos “traidores” de los generales, que han forzado cada nervio para satisfacer su órdenes; su fría indiferencia por la suerte del pueblo alemán; sus últimos deseos de continuar luchando contra los judíos, el Hitler representado por Ganz es mejor de lo que yo mismo imaginé cuando escribía el capítulo final de la biografía. De todas las representaciones del Führer en cine, aún por grandes actores como Alec Guinness o Anthony Hopkins, éste es el único que para mí es convincente. Parte de ello es por la voz. Ganz logró casi a la perfección la voz de Hitler. Es fríamente auténtico. De todas maneras, ¿ello nos ayuda a entender mejor a Hitler? Mi impresión es que no lo hace, por más brillante que sea la representación. Es difícil ver cómo podría –o más, qué gran encantamiento traería si lo conociéramos mejor (si es que eso significa algo). ¿Tendríamos entonces una clara comprensión de su dominación sobre pueblo alemán, o sabríamos por qué gente inteligente en posiciones de autoridad estaban dispuestas a poner en práctica sus deseos? Al menos, es poco probable que la suma de intuitivas actuaciones lo hagan más inteligible a la audiencia, que no puede entrar en su pervertida mentalidad. Su vida ha sido escrutinada como posiblemente ninguna otra, pero un corazón es aún insondable. Hitler de algún modo permanecerá siempre como un enigma. Dejé el cine absorbido por la película. Como producción, es un triunfo –un maravilloso drama histórico. Camino a casa, listo para felicitar a Eichinger por su brillante logro, una idea cruzó mi mente: que el éxito de Der Untergang debería provocar un nuevo tipo de Hitler-Welle (ola Hitler), esta vez en películas. Espero que no. Más allá de que no todas llegarían al elevado nivel de Eichinger, películas que traten de episodios anteriores en la vida de Hitler, podrían tener gran dificultad para evadir trivialización e insensibilidad moral. Por supuesto que con esto no estoy sugiriendo que sería mejor un veto o censura en la realización de películas de estas características –Alemania es una democracia madura y estable como para afrontarlo. ¿Pero, son necesarias? ¿Traerían nuevas visiones? ¿Aclararían el por qué personas con elevada educación, políticamente pluralistas, económicamente acomodadas, una sociedad moderna hace tres cuartos de siglo encontró la salvación nacional en Hitler? ¿Precisa Alemania recordar de este forma su pasado para no olvidarlo? Vía The Guardian, 17 de septiembre de 2004
El pasado 23 de octubre el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva convocó a los ciudadanos de su país a un referendum para responder a la pregunta: "¿El comercio de armas de fuego y munición debe ser prohibido en Brasil?". Más del 64% de los votantes han dicho NO a esta pregunta.
En este país muere una persona cada 15 minutos, cerca de 40.000 cada año, y todas ellas bajo el fuego de una arma ligera.
Según un informe de Oxfam y Amnistía Internacional, cerca del 60 por ciento de las armas de fuego en el mundo están en manos privadas (que no incluyen a los grupos insurgentes). Es un negocio lucrativo.
"No estamos aquí para ver el espectáculo de un futbolista", dijo al reclamarle a Kirchner que no se dejara presionar. "Encerrarse adentro de un país no es exitoso".
Comenzaron el 27 de octubre cuando dos adolescentes son electrocutados en una subestación de energía luego de que, aparentemente, escaparan de la policía.
Las imágenes de guerra en Over there tienen una crudeza que difícilmente se encuentra en la cadena de noticias CNN.El descontento generalizado y justificado hacia Bush va in crescendo, varios lugares en la web retratan esta situación hacia un presidente sordo e insensible, en uno de ellos se pueden observar imágenes sobre la protesta de "The World Can't Wait".
A pocas horas del aniversario anual de la reelección del presidente Bush, la organización “The World Can’t Wait” (“El mundo no puede esperar”) anticipa protestas, mientras tanto se llevan a cabo varios rituales en la noche de Halloween, entre los que se destacan gente disfrazada como presos de Guantanamo y Abu Ghraib (con atuendos anaranjados y fundas de almohada en la cabeza), personal del ejército empujándolos adelante y una persona vestida como Bush-Dracula.
La revista Noticias, en su edición 1500, presenta en tapa na supuesta foto de Máximo Kirchner, el hijo mayor del Presidente. Pero el que aparece allí no es él sino Marcelo Martínez Casas, el gerente de Asuntos Legales de Canal 9.En la sección "Ediciones Anteriores" la tapa de la polémica fue reemplazada por la de esa suerte de anuario que sale complementando la revista y además salta a la vista la adulteración de las fechas. En la editorial dicen que mientras continúe la sospecha -ellos no han recibido desmentida oficial hasta hoy- prefirieron reemplazarla.
Estados Unidos: Abou Ghraib, la "parte visible del iceberg"(Nueva York, el 27 de abril de 2005) - los crímenes perpetrados a Abou Ghraib forman parte de una extensa serie de exacciones cometidas sobre los presos musulmanes en varios países en el mundo, declaró Human Rights Watch en la fecha aniversario (28 de abril) de la publicación de las primeras fotografías que mostraban soldados americanos que maltrataban presos.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) hizo saber al Gobierno americano en informes confidenciales que los métodos que este último utilizaba con los presos incluían actos de dificultad psicológica y física "que equivalía a la tortura."
Freud no terminó de recibir golpes. Después del Libro Negro del Psicoanálisis, un ataque de psiquiatras partidarios de las terapias cognitivo-comportementalistes, conocidas como TCC, otro se perfila en el horizonte. Se anuncia para el 6 de enero: El expediente Freud subtitulado Investigación sobre la historia del psicoanálisis. Escrito por el filósofo Mikkel Borch-Jacobsen y por el historiador de medicina y especialista de Jung, Sonu Shamdasani. Hay que señalar que el primero fue también uno de los iniciadores famosos del "Libro Negro" (etiqueta generalmente reservada a temas como el Empleo, los crímenes de la colonización o la corrupción).
El filósofo esloveno Slavoj Zizek, autor de Violencia en acto (Paidós), habla en esta entrevista de la cinematografía como medio para entender una sociedad.
Un equipo de cuarenta autores entre ellos un historiador, tres expertos especializados en terapias cognoscitivas y comportamentales, un psi, un psicólogo y profesor de Psicología quieren exumar el restos del cadáver de doctor Freud y pisotearlo salvajemente subrayando ¡lemas científicos! Lea la investigación exclusiva y muy psicoanalítica de Mague sobre los autores neuróticos de este ataque.
Para Información, Paris, 29 de Agosto de 2005por Teodoro Lecman
Isidoro Vegh defiende las teorías de Freud
Judith Miller, la periodista de The New York Times que pasó 85 días en prisión por negarse a revelar sus fuentes ante la Justicia, perdería su trabajo en el diario. Incluso, muchos de sus compañeros (con algunos dialogó Clarín) no creen que su eventual despido sea una injusticia, como podría suponerse a primera vista. A la inversa, la acusan de ser "colaboracionista" de la CIA y del vicepresidente Dick Cheney, de difundir una visión favorable a la invasión de Irak, de preferir proteger a sus fuentes oficiales y de "operar" con ellos en detrimento de los lectores y de la verdad de los hechos. El director del diario, Bill Keller, envió un mensaje por mail a toda la redacción afirmando que "Judith Miller me engañó", y que "engañó también a Phil Taubman", el jefe de la oficina de The New York Times en Washington. Información publicada por el diario Clarín (Argentina).
José Ioskyn: Para comenzar, podrías contarnos sobre su traslado a Estados Unidos, tus motivaciones, tu expectativa con ese viaje?
LA NACION - 2O de Setiembre de 2005